lunes, 24 de junio de 2013

SUBESSE IN TENEBRIS

SUBESSE IN TENEBRIS
(EL RESURGIR DE LAS TINIEBLAS).
PARTE 2.
Capítulo 16.
Ya a la mañana siguiente, el cura abre sus ojos. Las mujeres ya no estaban en su cuarto.
Se levantó lentamente y se sentó sobre la cama, estaba cansado, después de pasar una noche de lujuria.
De pronto, mueve su cabeza y ve un papel en su mesa de luz. Tenía una dirección. Ahí es donde están los demonios. Ese es el lugar en donde debe entregar al cardenal. Tomo el papel. Lo leyó. No era muy lejos de donde estaban y quedaba en la dirección por donde el cardenal dijo.
Se paró y se fue al baño a darse una ducha rápida. Ahí pensó como haría para entregar al cardenal y que pasaría después de eso.
Luego del baño, fue caminando hacia el sillón en donde Lucifer se encontraba ayer y se sentó. Miro a su alrededor, vio el cuarto. Pudo sentir el olor a azufre que volaba por el lugar. Miro su bolso y saco la biblia y su cuaderno en donde anota frases del libro santo.
Comenzó a leer y anotaba en su cuaderno. Como lo hacía siempre.
Pasaron unos minutos hasta que pensó, ¿para que sigo anotando si ya traicione a mi religión?.
Dejo todo nuevamente en su bolso. Se levantó de sillón y se abrigo para ya irse.
Trato de dejar de pensar en lo que pasaba por su mente, trato de dejar aquellos recuerdos buenos que tenía junto a su compañero. Camino hacia la puerta. Puso la llave en la cerradura, pero no logro abrirla. Un nudo en su garganta y una fuerte presión en su pecho, hizo que se arrodillara. Comenzó a llorar. Sus lágrimas caían como cascadas por sus mejillas.
                          -. Perdóname señor, te he traicionado. Como judas traiciono a tu hijo. Perdóname. Perdóname, te lo suplico.- dijo el cura mirando hacia arriba.
 Pero una voz rompió las suplicas del cura.
                         -. ¿Qué estás haciendo?.-
El cura, bajo su mirada y giro la cabeza en dirección hacia aquella voz. Vio a Lucifer nuevamente en su cuarto.
                         -. ¿No te da vergüenza?. Te estas arrodillando y pidiendo perdón a un dios que hace tiempo te abandono.- dijo Lucifer.
El cura se quedó pensando unos minutos.
                       -. Dios me abandono, porque lo traicione.-
                       -. Él te abandono porque no le sirves. No eres más que otro siervo buscando poder. Como yo lo fui algún día.- dijo Lucifer.
Seco sus lágrimas. Su cabeza pensaba y pensaba en todo lo que iba a suceder hoy.                 
                      -. No puedo hacerlo. No podré entregar al cardenal.- dijo el cura.
Lucifer al escuchar esto, se acercó tan rápido que el cura no logro verlo llegar.
Lo tomo del cuello con una sola mano y lo levanto. Sus pies quedaron en el aire. Lo estaba ahorcando.
                      -. Claro que lo harás, maldito siervo. Tú naciste para esto. Para traicionar a tus seres queridos.- dijo Lucifer mirándolo con sus ojos rojos como lava.
El cura no podía respirar.
                          -. Suéltame.-
                         -. Suplícame como lo hacías hace un instante.- dijo Lucifer apretándole más y más el cuello.
                       -. No, no lo hare.- dijo el cura.
Lucifer al escuchar esta respuesta, apretó más su cuello. Y mientras más fuerte lo hacía, la sonrisa del dios del infierno era más grande. Estaba disfrutando su dolor.
                      -. ¡ Vamos maldito esclavo!.- grito Lucifer.
                      -.ppppppooor ffffffaavoorr.- dijo el cura ya casi sin aire.
Lucifer sonrío.
                        -. Así me gusta. Y ahora por tardar en darme la respuesta que quería te dejare un regalo.- dijo Lucifer.
La mano que tenía en el cuello del cura comenzó a calentarse. Hasta llegar al punto de estar tan roja como la lava de un volcán en erupción. El cura comenzó a gritar.
                       -.¡¡¡NOOOO!!!.-
Lucifer lo mira sonriente. Luego lo soltó.
El cura cayó al piso casi desmayado tomándose el cuello.
                    -. Maldito, ¿Qué me hiciste?.-
                     -. No te he matado. Vivirás.- respondió Lucifer.

Luego despareció y el cura se levantó muy lentamente y camino hacia el baño tomándose el cuello. Se miró en el espejo y vio que tenía la marca de la mano en su cuello. Estaba roja.
Salió del baño y fue a su bolso, tomo una bufanda y se tapó. No quería que el cardenal viera la marca, sospecharía.
Luego fue nuevamente hacia la puerta. La abrió y salió. Camino hasta el cuarto del Cardenal. Golpeo y espero.
El cardenal abrió la puerta. Saludo al cura con la mano. Pero de pronto, algo le llamo la atención al cardenal y le pregunto:
                       -.¿ te sientes bien compañero?.-
                       -. Sí señor. Solo que estoy un poco cansado.- respondió el cura.
                      -. Qué raro. Estas pálido como si hubieras visto al mismísimo Lucifer.- dijo el cardenal.
El cura lo miro sorprendido. Pero luego agacho la cabeza y rio.
                   -. Debe ser que dormí poco.- dijo nuevamente.
                   -. Puede ser.¿ estás listo compañero?.- dijo el cardenal.
                  -. Sí, señor.- respondió el cura.
                  -. Hoy presiento que será un día con mucho éxito.- dijo el cardenal.
Mientras que el cura se quedó pensando.
Luego el cardenal cerró la puerta de su cuarto y caminaron nuevamente por el pasillo que los lleva a la salida del hotel.
El mismo taxi los esperaba. Los dos se subieron y el vehículo comenzó a moverse. El cura estaba empezando a transpirar. Podía sentir el sudor como corría por su espalda. Se estaba poniendo nervioso. El momento ya estaba por llegar. Iba a entregar a su amigo. A su amigo de toda la vida.
Mientras tanto el cardenal, estaba con su péndulo. Y así fue como llegaron a la calle en la que ayer tenían que tomar. Aquella que los llevaría a los demonios.
Solo faltaba una pregunta que haga el cardenal, aunque él ya sabía que esa era la calle.
El péndulo dio su respuesta. El cardenal hablo con el taxista y el auto nuevamente comenzó andar.
El corazón del cura latía cada vez más rápido. Estaba muy nervioso ya.
De pronto, el taxi para.
                          -. Aquí es.- dijo el cardenal.
El cura recordó la dirección, y sí, esa era.
El sonido del viento gobernaba el lugar. Todo el lugar se veía misterioso.
Caminaron muy lentamente por el camino que los llevaría a la puerta principal de la casa. Los pasos en la nieve sonaban como si pisarían vidrio molido.
Una vez ahí en la puerta, el cardenal saca su mano derecha del bolsillo. Pero antes de que golpee, el cura le dice:
                      -. Señor, espere.-
El cardenal lo mira, no entendía.
                   -. ¿Qué sucede?.- pregunta.
                  -. No sé si estoy preparado para esto.- respondió el cura.
                 -. No tengas miedo hermano. Yo estoy aquí. Y cuidare tus espaldas.- dijo el cardenal sonriendo y tomándole el hombro izquierdo.
El cura suspiro. Miro hacia su costado. Pensó.
                  -. Es que usted no entiende, señor.- dijo.
                  -. ¿Qué es lo que no entiendo? Y ¿Qué es lo que tengo que entender?.- pregunto el cardenal.
                  -. Que me tiene que disculpar.- respondió el cura.
                  -. ¿Por qué?.- pregunto el cardenal.
Pero el cura con mucha velocidad saco una picana de su bolsillo y la apoyo en su cuello. Le dio un buen shock de electricidad. El cardenal se había desmayado. Luego el cura golpeo la puerta.
Espero ahí afuera con el cardenal tirando en el piso y en unos pocos minutos, la puerta principal de la casa se abrió. Era Gloria o mejor dicho Astaroth.
El cura ingreso a la casa. Siguió a Astaroth hasta la sala principal de la casa donde está el hogar con su fuego encendido. Ahí vio una silla.
El aroma azufre gobernaba la casa.
Ya no había marcha atrás. Ya no había tiempo para arrepentirse.

El cura tan solo se quedó a un costado mirando que es lo que harán con el cardenal. Que es lo harán con su amigo. 

domingo, 23 de junio de 2013

SUBESSE IN TENEBRIS

SUBESSE IN TENEBRIS
(EL RESURGIR DE LAS TINIEBLAS).
PARTE 2.
Capítulo 15.
Ya al otro día, el cardenal se levantó. Fue hacia el baño, se mojó la cara para despabilarse. Luego se afeito. Todo lo hizo muy tranquilamente.
Una vez que termino de hacer todo en el baño, salió y se vistió, y cuando termino se fue a buscar a su compañero.
Cerró su cuarto y camino por el pasillo, y una vez en la puerta golpeo, y espero a que lo atienda.
                              -. Espéreme señor, ya salgo. Termino de cambiarme y salgo.- grito el cura desde adentro de su cuarto.
                             -. ¿Puedo pasar?.- pregunto el cardenal.
                            -. No señor, esta todo echo un desastre aquí. Mejor espéreme ahí, ya salgo.- respondió el cura.
Al cardenal esta respuesta le llamo un poco la atención, las veces que él iba a buscarlo o por lo menos a charlar, el cura lo hacía pasar. Pero esta vez no.
Tardo unos cinco minutos en salir el cura.
Le dio la mano saludándolo, y luego se fueron.
Caminaron nuevamente por ese pasillo hasta la salida del hotel.
Afuera ya los estaba esperando un coche. Se subieron y se fueron.
Mientras iban en el auto, el cardenal saca su péndulo y comienza a hacer unas preguntas y mientras tenia respuestas del elemento, le decía al chofer hacia donde tenía que ir.
De pronto, el cura le pregunta:
                      -. Señor,¿ está seguro que eso le dice la verdad?.-
                       -. Claro, estoy totalmente seguro. Una persona cuando usa un elemento así, lo debe hacer con fe y las respuestas serán verdaderas. Si no lo haces con fe, no tendrás respuestas claras.- respondió el cardenal.
                      -. ¿Sabe dónde están?.- pregunto el cura.
                     -. Están por este camino, pero no logro encontrar bien la dirección.- respondió el cardenal.
                      -. Quizas, no lo está haciendo con fe.- dijo el cura.
El cardenal al escuchar esto, lo mira, pero no responde a lo que dijo el cura.
Luego le dice al conductor que los lleve al museo histórico de Viena.
Tardaron unos cuarenta y cinco minutos en llegar.
Una vez ahí, los dos hombres de dios bajan del auto e ingresan al lugar.
Caminaron hasta el lugar en donde tendría que estar la lanza del destino.
Ahí miraron, sacaron fotos. El cardenal hizo algunas preguntas a su péndulo.
Luego, fueron y hablaron con el encargado del museo.
Pero nadie sabía darle una respuesta.
El cardenal, salió del lugar con las manos vacías. Pero no se daría por vencido.
Mientras tanto en el hospital, Gloria estaba con Zabut en brazos.
Los doctores no sabían que le pasaría a la pequeña Sara, pero esto lo único que significa para los demonios es que todo se atrasaría.
De pronto, Gloria escucha la voz de su jefe en Zabut.
                    -. Audistie me?.-
                    -. Si dominus meus, ego audiam.- dijo Astaroth.
Luego se levantó y fue hacia el baño del hospital.
                  -.et omnia parata.- dijo Lucifer.
                  -.patet via mea a Domino?.- pregunto Astaroth.
                 -.Si transierint ordine primum duo viri Dei vobis. Cardinali uti tibi tela, est occisus. jam socius de nobis valde difficile persuadeatur.- respondió lucifer.
                -.si hastam operatur in quo ibo?.- pregunto nuevamente Astaroth.
                -.Multos enim occidit, et ad Papam, et loquere ad eos quod necesse est.- dijo Lucifer.
Despues de tener esta conversación, Astaroth salió del baño y se fue hacia la puerta del cuarto en donde estaba la pequeña Sara.
Ahí se cruzó con un enfermero.
              -. Entschuldigung, könnten wir gehen, um das Kind zu sehen?- pregunto Gloria.
              -. wenn du kannst, aber nur wenige Minuten. Dann sollten sie gehen. doch können wir Ihnen keine Stunden Besuch hier ist, wie es die ganze Zeit zu studieren, zu wissen, was passiert weiter.- respondió el enfermero.
Gloria, paso al cuarto de la pequeña.
Camino muy lentamente hacia donde esta ella con Zabut en brazos.
                         -. Sara, ¿Qué te sucede?.- pregunto Gloria. Pero la pequeña estaba completamente dormida.
                       -. Quiero decirte que Zabut y yo nos iremos por unos días, espero que despiertes cuando volvamos. Si?.- dijo Gloria.
Espero una respuesta de la niña, pero no la obtuvo. Entonces se fue del cuarto.
Camino por el pasillo principal del hospital, hasta la puerta. Luego salió y se subió a un taxi. Y se fue hacia la casa.
Mientras tanto en aquel sueño de la pequeña, no todo estaba muy bien.
La pequeña andaba corriendo por aquel bosque en el que se escondió. Despues de ver como Lucifer mataba a Máximo.
Sara caminaba por aquel bosque, estaba sola. Tan solo la oscuridad la acompañaba en ese lugar.
De pronto, escucha un ruido. Trata de esconderse detrás de un árbol, pero alguien tapa su boca y la abraza.
La pequeña trata de soltarse pero no puede.
                    -. Sshhh.- escucha en su oído izquierdo.
Luego, ve que esa persona señala a dos guardias que van caminando por el bosque.
Ahí fue cuando la niña hizo silencio y se quedó tranquila.
Una vez que los guardias pasaron a unos pocos metros con las antorchas en sus manos, seguramente buscándola a ella. La pequeña se soltó y pudo ver que era su padre.
                      -. Papá, ¿Por qué te fuiste?.- pregunto la niña abrazándolo con todas sus fuerzas.
                     -. No puedo estar ahí en el castillo, hija. Lucifer me quiere matar.- respondió el padre de la pequeña.
                    -. ¿Por qué papá?.- pregunto la niña.
                    -. Hija mía, estamos en el infierno. Por más que parezca el paraíso. Pero, no entiendo porque tu estas aquí.- dijo el padre.
                   -. Hace mucho que me vienen sucediendo estos sueños, papá. No sé porque aparezco acá. Pero sé, que es Lucifer aquel hombre. Creo que he hecho algo mal, papá.- dijo Sara.
                  -. No hija. Tú no has hecho nada mal. Ahora vámonos de aquí. Tengo un lugar en el que podemos estar sin que nadie nos vea.- dijo el padre de Sara.
Siguieron caminando por el bosque unos cuarenta minutos, hasta que llegaron a una cueva.
Entraron ahí, estaba todo oscuro. No se podía ver nada.
Pero el padre de la niña, hizo una fogata. La pequeña se acercó muy lentamente al fuego, ya que tenía frio.
El padre hizo lo mismo, se sentó al lado de ella y la abrazo.
La pequeña estaba cansada. Y se durmió apoyando la cabeza en sus piernas.
El padre tan solo la miraba y le acariciaba la cabeza muy suavemente hasta que él también se quedó dormido.
Mientras tanto en Viena. Los dos hombres de dios estaban en el hotel cenando. Ninguno de los dos emitia palabra, hasta que el cura, le pregunto al cardenal:
                -.señor,¿ mañana seguiremos haciendo lo mismo?.-
              -. Si compañero. Trataremos de ver si podemos llegar a donde están los demonios. Tenemos que movernos rápido, ya que ellos son más rápido que nosotros.- respondió el Cardenal.
             -. Muy bien señor, yo me iré a mi cuarto, estoy un poco cansado.¿ mañana iremos a la misma hora?.- volvió a preguntar el cura.
           -. Sí. Te esperare en mi cuarto.- respondió el Cardenal.
Luego el cura se levantó de su silla y se fue hacia su cuarto.
Camino muy lentamente, hasta que llego a su lugar.
Puso la llave en la cerradura. Abrió la puerta. Entro.
 Y vio nuevamente a Lucifer, estaba sentado en un sillón y una luz de un velador que tenía en una pequeña mesa lo alumbraba muy poco al rey de las tinieblas. Sus ojos rojos brillaban como un animal de la noche.
                   -.¿ qué quieres?.- pregunto el cura.
                   -. ¿Estás dispuesto para dar el siguiente paso?.- pregunto Lucifer.
                  -. ¿ Que hay a cambio de eso?.- pregunto el Cura.
                  -.oohh. Muy bien. Veo que ya sabes manejar este asunto.- dijo Lucifer.
                  -. ¿Qué hay a cambio?.- volvió a preguntar el hombre del señor.
                 -. Primero te diré que tienes que hacer.- respondió Lucifer.
                 -.¿Qué quieres ahora?.- pregunto el cura mirándolo muy fijo a los ojos.
Lucifer se paró del sillón y camino muy lentamente hacia el cura.
                -. Tienes que llevar al cardenal hacia donde están Astaroth y Belcebú, ellos se encargaran de tu compañero.- dijo Lucifer.
                 -. Muy bien, lo hare. Pero una vez que te entregue al cardenal, no quiero que me molestes más. Ahora dame lo que tienes para mi.- dijo el cura.
                -. Siervo mío, ya no te puedes librar de mí. Porque una vez que haces un pacto conmigo, siempre necesitaras algo de mí. Ese es tu destino.- dijo Lucifer.
El cura al escuchar esto se lo quedo mirando a los ojos. No sabía que responderle.
                 -. Ahora aquí tienes, hombre de dios. O mejor dicho traidor.- dijo Lucifer.

Luego de decir esto, tres mujeres salieron del baño. Y se encargaron de darle el placer que dios no le da o mejor dicho nunca le dio.

martes, 18 de junio de 2013

SUBESSE IN TENEBRIS

SUBESSE IN TENEBRIS
  (EL RESURGIR DE LAS TINIEBLAS).
PARTE 2.
                       Capítulo 14.
                        -. Compañero, despiértate. Ya llegamos a Austria.- dijo el cardenal.
El cura abrió sus ojos y se levantó muy lentamente de su asiento.
Los dos salieron del avión y fueron en busca de sus valijas. Luego, se fueron a tomar un taxi para ir al hotel en donde ellos estarán hasta encontrar a los demonios y a Sara.
Una vez los dos en el taxi, el cardenal le dice al chofer a donde se dirigen.
                       -. Johann Strauss zum Hotel gehen, bitte.-
Tardaron unos cuarenta minutos hasta que llegaron al hotel.
Agarraron sus maletas e ingresaron al hotel.
Los dos iban muy callados, mientras caminaban hacia sus cuartos.
Iban a estar separados esta vez. El cardenal tenía el numero 114 B, mientras que el cura tenía el 117 B.
Antes de que el cardenal, entre a su cuarto el dijo al cura:
                    -. Mañana nos despertaremos temprano, hoy descansa será muy agotador todo lo que suceda aquí.-
                     -. Muy bien señor.- respondió el cura. Luego siguió su camino hasta su cuarto.
Mientras tanto el cardenal, dejo su valija en la cama.
Se sentó, estaba cansado de tantos viajes. Ya estaba viejo para esto.
Despues de estar cinco minutos sentado y pensando en nada,  se levantó y se fue hacia el baño y para prepararse para ducharse.
Mientras tanto el cura estaba en su cuarto, pensando en la reacción que había sufrido arriba del avión, no sabe porque se despertó tan exaltado.
Pensaba y pensaba, pero no lograba encontrar alguna explicación.
De pronto, se levantó y fue hacia el baño.
Ahí, se mojó la cara y se miró en el espejo. Se quedó callado, pero por dentro se preguntaba que era todo lo que estaba sucediendo.
De repente, escucha que se abre la puerta de su cuarto.
Entonces sale del baño y ve que en su cuarto estaba lucifer.
El cura al verlo ahí parado frente a él, saca su cruz y comienza a rezar.
Lucifer, ríe.
                      -. ¿Por qué me buscas a mí?.- pregunta el cura.
                      -. Te busco a ti, porque tú quieres algo que yo puedo darte. Y lo sabes.- respondió Lucifer.
El cura se quedó callado, mirando el piso. Pensando. El, sabia de que hablaba el amo de las tinieblas.
                    -. Vamos, tienes ganas. Tú sabes que puedes.- dijo Lucifer.
                    -. No puedo, yo le entregue mi vida a dios.- respondió el cura.
                    -. Dios ya no puede protegerte, yo sí puedo hacerlo y puedo darte las cosas que quieres.- dijo Lucifer.
                    -. Yo ya tengo todo lo que quiero, dios me lo ha dado y estoy feliz.- dijo el cura con lágrimas en sus ojos.
Pero Lucifer lo miro y sus ojos se pusieron rojos como el fuego y dijo:
                      -. Tu dios no va a salvarte. Y tu dios no te dio nada en la vida. ¿Que eres?, respóndeme. ¿Qué eres?.- dijo Lucifer mirándolo directamente a los ojos hipnotizándolo.
El cura no respondió. No sabía que decir.
                     -. No eres nada. No tienes nada. Te prohíbes de hacer todo. No te das cuenta, pero yo controlo a la gente. Siempre lo hice. Con el dinero, con las cosas materiales. No te das cuenta a las personas no le interesa nada de lo que tú puedas proponer, el amor no existe, la paz no existe. Las personas son materialistas, las personas quieren el dinero, diversión, guerra, destrucción. Y tú no eres nada, no vives tu vida como tienes que vivirla. Pero, yo puedo cambiarte, yo puedo hacer que tu vivas tu vida como toda la demás personas. Sin ningún problema, sin pensar en dios. Disfrutando cada segundo de tu vida como el último.- dijo Lucifer.
El cura con lágrimas en sus ojos dijo:
                         -. No puedo seguir así, el cardenal no me deja avanzar en mi vida. Yo no quería esto. Yo no quería nada de esto. Me hice cura por problemas que tuve y me dijeron que esta era la salvación, este era el camino que me iba a llevar a la felicidad.-
Lucifer se acercó muy lentamente hacia él. Apoyo su mano derecha en el hombro izquierdo del cura y dijo:
                     -. Tu salvación soy yo. Nadie más puede salvarte, todo está perdido ya. Yo te diré que es lo que tienes que hacer, tú me ayudaras y luego te daré todo eso que necesitas, yo soy tu camino.-
El cura en su mente, pensaba y pensaba. Pasaban imágenes, aquellas que tenían recuerdos de cuando lo conoció al cardenal, todas las cosas que aprendió. Pero esos recuerdos se nublaban con la ira que tenía adentro hacia el cardenal.
                         -. No quiero más esta vida. Quiero dejar todo lo que estoy haciendo ahora. No es para mí. ¿Qué debo hacer?.- dijo el cura.
                         -. Muy bien muchacho. Te daré la información de donde esta Astaroth con la lanza del destino. La pequeña se encuentra con él y con belcebú.- dijo el dios del infierno.
                         -. y, ¿Qué es lo que tengo a cambio?.- pregunto el cura.
                       -. Debes ir con ellos, debes llevar al cardenal a donde están los demonios. Deberás matar al cardenal. Luego te unirás a nosotros, pero antes les darás toda la información de tu iglesia a mis demonios. Luego ellos te dirán que debes hacer. Y a cambio tendrás esto.- respondió lucifer.
Y en un abrir y cerrar de ojo el cura, vio frente a el una montaña de dinero.
No podía creer lo que veía, millones eran. Lucifer no estaba en su cuarto, él se había esfumado.
Mientras tanto el cardenal, después de haberse dado una ducha, estaba leyendo su biblia sentado en un sillón.
De pronto, se levanta y va hacia su bolso. De ahí saca un péndulo.
Luego vuelve al sillón. Toma el péndulo con la mano izquierda y comienza hacer unas preguntas, con la voz muy baja.
El péndulo, comienza a moverse en círculos muy grandes.
El cardenal, seguía y seguía preguntando. Y el péndulo giraba con más fuerza.
Luego el cardenal, se queda pensando. Pálido. Obtuvo una respuesta que él no quería. Una respuesta que le cayó mal.
Se sintió mal, dejo el péndulo nuevamente en su bolso y se recostó en la cama.

Cerro sus ojos y se durmió.

jueves, 13 de junio de 2013

SUBESSE IN TENEBRIS

SUBESSE IN TENEBRIS
  (EL RESURGIR DE LAS TINIEBLAS).
PARTE 2.
                       Capítulo 13.
Ya habían pasado unas cuantas horas desde que Sara se encontraba en el hospital.
Gloria estaba en la sala de espera con zabut en brazos, todavía no podía verla a la pequeña, ni tampoco sabía que estaban haciendo con ella, tan solo tenía la información que le había dado aquel doctor que hablo con ella.
De pronto, sale un enfermero y le dice:
                        -.Lady, können Sie gehen, um seine Tochter zu sehen.-
                          -.danke schön.- respondió ella.
Se levantó de su asiento y entro al cuarto en donde se encontraba Sara.
Vio a la pequeña ahí acostada, con sus ojos cerrados y llena de cables.
                          -.nicht brauchen Sauerstoff?.- le pregunto Gloria al enfermero.
                          -.Nr. sie ist normal wie ich schlief. weiß nicht, warum das so kennen.- respondió el enfermero.
Entonces, Gloria agarro una silla que estaba cerca de ella y la acerco para sentarse al lado de la pequeña.
La miraba, la acariciaba. Hasta que le dijo:
                      -. Sara, que te ha ocurrido. ¿Dónde estás?.-
Pero la pequeña, estaba dormida completamente.
                       -. Aquí lo tengo a Zabut. Él te extraña, quiere que vuelvas.- dijo Gloria esperando una respuesta que nunca tendrá.
Mientras tanto la pequeña seguía en aquella celda. Dejo pasar unos minutos hasta que salió del lugar en donde estaba escondida.
Camino hacia la puerta, la abrió y salió nuevamente hacia aquel pasillo.
Pudo ver que en el piso había mucha sangre, que seguramente era de Máximo.
Sara quería saber hacia dónde lo habían llevado. Entonces decidió por seguir las manchas de sangre.
Camino nuevamente por ese pasillo largo, iluminado por las antorchas. Todo ese lugar seguía silencioso, ni siquiera podía escuchar algo como para guiarse hacia donde lo habían llevado a máximo.
Hasta que después de unos minutos de caminata, escucho un grito.
                               -.¡NOOOOO!.-
Entonces, comenzó a correr. Hasta que llego a otra puerta. Pego su oreja en ella. Para escuchar. Pero una mano se apoyó en su hombro y dijo:
                              -. Sara, no.-
La pequeña se dio vuelta y vio que era su padre.
                            -. ¿Qué sucede aquí?.-
                           -. Nunca entenderás, hija mía.- respondió el padre.
                          -. ¿Por qué lo golpean a ese muchacho?.- pregunto nuevamente.
                          -. No puedo decírtelo, a mí me hicieron lo mismo. Tú me viste. Ahora vámonos de aquí, yo no puedo estar en este lugar.- dijo el padre de la pequeña tomándola de la mano.
                           -. No, papa. Quiero quedarme aquí. Debo ayudarlo.- dijo Sara.
                          -. No, ya no puedes ayudarlo. Déjalo.- dijo él.
                          -. No me quedare aquí.- dijo Sara nuevamente, soltándose de la mano del padre.
                        -. Está bien, hija.- dijo el padre.
Luego, él se marchó.
La pequeña se quedó escuchando ahí en la puerta. Pudo notar que solo estaba máximo y otra persona más ahí adentro. Seguramente, Lucifer era el otro, ya que la pequeña reconoció su voz.
                          -. No deberías haber venido a este lugar. Ahora tú me servirás a mí.- dijo Lucifer.
                         -. ¡Por favor, no me haga daño!.- dijo máximo.
Sara no sabía qué hacer, estaba ahí en la puerta escuchando como torturaban a máximo.
Hasta que no pudo aguantar y entro.
                          -. ¡Déjalo en paz!.- grito Sara.
Lucifer, la miro. Sonrió y le dijo:
                         -. Pero a quien tenemos aquí. Bienvenida Sara.-
La pequeña vio a máximo atrapado en una silla de tortura. Mientras que Lucifer tenía en sus manos un cuchillo.
El cuerpo del joven estaba todo cortado. Y había mucha sangre por todos lados.
                            -. Déjalo en paz, maldito.- dijo Sara.
                            -. ¡¡¡jajajajajaja!!!, ¿que lo deje en paz?.- pregunto Lucifer.
                          -. Si, déjalo.- dijo Sara tomando un cuchillo que había en una mesa.
                         -. Nunca lo hare, ahora su alma me pertenece.- respondió Lucifer.
                        -. No puedes hacer eso.- dijo Sara mientras se acercaba a Lucifer.
                       -. Nadie puede contra mí, querida.- dijo Lucifer.
Pero Sara ni lo dudo y con el cuchillo atravesó el estómago de Lucifer.
                      -. ¡¡¡aaaaaaahhh!!!.- grito el rey de las tinieblas.
Entonces la niña, fue directo hacia donde estaba máximo y trato de liberarlo.
 Lucifer seguía en el piso dando gritos de dolor.
                    -. Vete, vete, suéltame y vete de aquí.- dijo máximo.
Sara lo miro a los ojos y le dijo:
                  -. Yo te salvare, vamos. Has un esfuerzo más.-
                   -. No, no puedo.- dijo máximo.
                  -. No tienes que quedarte aquí. Yo puedo salvarte.- dijo Sara.
                 -. No pequeña, yo merezco estar aquí. Toma esto, te cuidara.- dijo máximo obsequiándole una cruz de oro.
La niña, lo miro. Algunas lágrimas recorrieron sus mejillas.
Luego, se fue alejando muy lentamente.
                           -. ¡¡¡SARAAAA!!.- grito Lucifer.
La pequeña se dio vuelta y lo miro.
                       -. Te dije que nadie puede contra mi.- dijo Lucifer sacando el cuchillo de su estómago.
 Sara, tan solo dijo:
                      -. Nada saldrá como esperas.-
Lucifer ya con el cuchillo en la mano, lo lanzo con todas sus fuerzas en el pecho de Máximo.
La pequeña se quedó sorprendida al ver lo que había hecho.
Entonces, salió corriendo de ahí.
Cruzo el pasillo, el patio y la gran puerta. Hasta que llego al bosque. Estaba cansada. Se apoyó en un árbol y abrió su mano donde tenía la cruz de oro.
La miro y se la colgó en su cuello.
Mientras que en la sala en donde se encontraba Máximo.
Lucifer se acercó a este, muy lentamente. Con sangre en su ropa.
                          -. Ya me harte de ti.- dijo Lucifer.
Luego comenzó a abrir su boca hasta dejarla gigante. Parecía una serpiente.
 Máximo empezó a gritar con todas sus fuerzas, pero no podía escapar. Ya nada podía hacer.
Lucifer comenzó a tragar al joven como si fuera un ratón y él una boa.
Tan solo le llevo unos segundos tragarlo. Luego lucifer se quedó solo en ese cuarto.
Pensando en su próxima víctima. Sara.

Mientras tanto los dos hombres de dios, estaban en el avión a pocas horas de llegar a Viena.
Los dos estaban durmiendo, pero de pronto, el cura se despierta gritando.
El cardenal, al escuchar este grito se despierta también y le pregunta:
                     -. ¿Qué ocurre?.-
Pero el cura, no respondía a la pregunta del cardenal.
Estaba temblando completamente. Entonces se levantó y fue al baño del avión.
Abrió la puerta, entro. Y se acercó al retrete y comenzó a vomitar.
Se sentía mareado. Se mojó un poco la cara. Y respiro profundamente.
Levanto su cabeza muy lentamente y se miró al espejo.
Estaba pálido. Blanco como la nieve.
Comenzó a llorar, él no sabía porque. Pero lloraba sin parar.
Entonces, con su mano derecha quiso tomar su cadena con su cruz de oro. Pero no la tenía.
No sabía que estaba sucediendo. El llevaba su cadena, nunca la dejaba.
Se quedó pensando, si la había dejado en su mesa de luz del cuarto del Vaticano.
Pero, no puede ser, Si el, la tenía cuando salieron.
Decidió por mojarse nuevamente la cara, se miró al espejo por última vez. Ya su color de piel había vuelto a la normalidad.
Entonces salió, y se volvió a sentar en su asiento.
El cardenal, lo miro, pero no le pregunto nada. Tan solo siguió leyendo el libro santo.

Mientras que el cura, cerro nuevamente sus ojos.