martes, 21 de mayo de 2013

SUBESSE IN TENEBRIS


        SUBESSE IN TENEBRIS
(EL RESURGIR DE LAS TINIEBLAS).
PARTE 2.
                       Capítulo 7.
Los dos hombres de dios, ya estaban de regreso en el lugar donde ellos se alojaban.
El cardenal, al llegar se va a su cuarto, para comunicarse con el vaticano. Por otra parte, el cura, cuando entro a su cuarto fue directo hacia la cama, dejándose caer como si fuera un edificio en el momento en que es derribado.
Ahí se quedó, boca arriba, mirando el techo, fue entonces, cuando comenzó a recordar aquel sueño.
Mientras tanto, en la otra habitación, el cardenal, pudo comunicarse al vaticano. Tan solo tuvo que esperar unos minutos para que lo atendiera Juan Pablo V.
             -. Ciao, Cardinale. Avete  notizie  per me?.- Dijo Juan Pablo.
           -.si, signore. Ma non credo che sono  buone notizie.- respondió el Cardenal.
            -.dillo a  me. ¿Che cosa é successo?.- pregunto nuevamente el papa.
            -. Diamo al padre del bambino. Ma, ci ha detto non qui nel paese.- respondió el Cardenal.
            -. Ma, gli ha  detto dove si trova ora?.- pregunto el papa con un tono algo preocupado.
            -. Se questo in Austria. Non perché fossero li.- respondió el cardenal.
            -. Erano dalla lancia.- dijo el papa.
El cardenal, se quedó pensando, si la verdadera lanza está en el vaticano.
            -. Solo che é successo?.- pregunto el papa.
            -. Se ho qualcos´altro. Quando siamo andati a parlare con il padre della ragazza. Lucifero, ha ottenuto  nel suo corpo.- respondió el Cardenal.
             -.  ¿Questo é quello che ha detto?.- pregunto Juan Pablo.
             -.nulla, si sa come sia. Dire  cose che non valgono esso.- respondió el cardenal.
             -. Va bene. Ma ricordare. Lucifero, non é solo un demone.- le dijo el papa.
             -. Lo so, signore.- respondió el cardenal.
             -. Il suo compagno. Come questo?.- pregunto el papa con su tono de preocupación.
             -.la sensazione bene. Uno soffre alcuni incubi.- respondió el cardenal.
             -. Incubi, sui quali sono questi incubi?.- volvió a preguntar el papa.
             -. Non lo so. Non ricordare gli incubi.- respondió el cardenal.
             -. Prenditi cura di lui, mio figlio. Fare molta attenzione. Che il giovane, é sufficiente sapere tutte queste cose solo preché istruiscono con i libri. É troppo per lui.- dijo el papa.
             -. Si, signore. Stare tranquilli. Mi  occuperó.- respondió el cardenal.
             -. Avere, qualcosa di altro da segnalare?.- pregunto Juan pablo.
             -.no signore.- respondió el cardenal.
              -. Molto bene. Saremo in contatto.- dijo Juan Pablo V.
               -. Benne fino ad allora.- respondió el cardenal.
               -. Finno ad allora, e che dio lo protegga.- dijo el papa.
               -. Vi ringrazio molto, signore.- agradeció el cardenal.
Luego de colgar el teléfono, el cardenal escucha que alguien toca la puerta.
             -.¿ quién es?.- pregunto el cardenal.
             -.yo, señor.- respondió el cura.
Al escuchar la voz de su compañero, se levantó de la silla en la que estaba sentado y fue hacia la puerta.
La abrió y vio que el cura estaba ahí parado. Esperando con una sonrisa.
                 -.¿Qué sucede?.- pregunto el cardenal.
                -. Debo contarle lo que soñé.- dijo el cura.
Al escuchar esto, el cardenal hace pasar al cura a su cuarto. Los dos se sientan y una vez que están cómodos, el cura comienza a hablar.
              -. No recuerdo todo el sueño, tan solo algunas partes.-
            -. Muy bien. Cuéntame.- dijo el cardenal.
             -.recuerdo que llegue a un lugar. Era todo campo, había un bosque. Y vi a una mujer.- dijo el cura.
          -. ¿Cómo era esa mujer?,¿ la recuerdas?.- pregunto el cardenal.
         -. No la recuerdo. Lo que si se, es que era muy hermosa, me atraía mucho. Ella me tomo de la mano y me llevo hacia un lugar donde había un castillo. Pero, de pronto aparecieron unos guardias y me escape. Corrí con todas mis fuerzas por el bosque, pero eran muchos. Podía escuchar las flechas como pasaban cerca de mí. Hasta que una, da en mí pierna derecha y caigo sobre el pasto. Una vez que sucede esto, un guardia se acerca y desenvaina su espada y cuando me está por matar, despierto. Todo fue muy rápido, pero lo peor de todo es que aquella herida con la flecha fue de verdad.- dijo el cura.
                 -. ¿ Cómo que fue de verdad?.- volvió a preguntar el cardenal.
                    -. Sí, señor. Mire.-dijo el cura.
Al decir esto, muestra que tiene vendas en su pierna. El cardenal, al ver, no emitió ninguna palabra, tan solo miraba.
                 -. Mire esto, señor.- dijo nuevamente el cura.
Comenzó a sacarse la venda muy lentamente, hasta que, el cardenal vio lo que el cura tenia.
                 -.¿ Te sientes bien, hijo?.- pregunto el cardenal.
                -. No puede ser, yo tenía una herida.- dijo con un tono de voz sorprendido.
                 -. Porque mejor no vas a acostarte, y descansas bien, quizas todo esto que pasó, te afecto, creo que viste demasiado por hoy.- dijo el cardenal.
                -. Pero, señor. Juro por dios y por todos los santos que tenía una herida de flecha aquí, justo en mi pierna.- dijo el cura.
              -. Está bien, hijo. Pero es mejor que vayas a descansar, hicimos mucho por hoy.- dijo el cardenal.
El cura, se levantó de su silla, enojado. Con rabia. No dijo ni una sola palabra, tan solo se levantó y se fue dando un portazo.
Mientras que el cardenal, se quedó pensando en todo lo que dijo el cura, y también en todo lo que dijo Juan Pablo V. Tendrá que cuidar mucho más a su ayudante, está corriendo peligro.
Por otra parte, el cura entro a su cuarto. Arrojo la venda a la cama, y se quedó pensando con mucha rabia. No podía creer lo que había sucedido, quedo como un mentiroso.
                 -. Maldito sueño. No puede ser posible.- decía el cura.
             -. No vas a ganarme, yo soy un hombre de dios.- decía cada vez más fuerte.
                -. Soy más fuerte que él. No tengo que temerle. Él no es nadie a comparación de mí, yo soy joven tengo fuerza, vitalidad. El no podrá conmigo.- esta vez lo decía con la voz tan baja, que parecía un susurro.
Pero, de pronto, se da cuenta que estaba equivocado.
               -.¿ Qué estoy diciendo?, él es mi amigo. No puedo estar enojado con el.- dijo el cura.
Fue ahí cuando saco su rosario y comenzó a rezar.
  
-. Pater noster qui es in caelis
santificétur nommen tuum;
advéniat regnum tuum;
fiat volúntas tua,
sicut in caelo,
et in terra.
Panem nostrum cotidiánum da nobis  hódie;
Et dimitte nobis débita nostra,
Sicut et  nos dimíttimus debitóribus nostris,
Et  ne nos indúcas in tentatiónem;
Sed líbera nos a malo.
Amén.-
 Luego, hubo un silencio en todo su cuarto.
Seco sus lágrimas, y miro hacia arriba.
                      -. Discúlpeme, padre. Discúlpeme.- dijo el cura con su voz quebrada por el llanto.

lunes, 20 de mayo de 2013

SUBESSE IN TENEBRIS


        SUBESSE IN TENEBRIS
(EL RESURGIR DE LAS TINIEBLAS).
PARTE 2.
                       Capítulo 6.
En Europa, el invierno está golpeando como nunca lo hizo.
Principalmente en Austria, se encuentran gloria, Sara y el pequeño zabut.
                       -. ¡Sara!, ya está lista la cena.- dijo Gloria.
Al escuchar esto, la pequeña Sara vino con su niño y se sentó para comenzar a comer.
                    -.¿cómo estás?.- le pregunto Gloria.
                   -. Bien, contenta del hijo que tengo.- respondió Sara.
                   -. Estoy muy orgullosa de ti.- dijo Gloria.
                  -. Y yo, estoy muy feliz de estar con usted.- dijo Sara.
Gloria, al escuchar estas palabras sonrió. Las dos estaban contentas de estar juntas.
                -. Bueno. Ahora come; que si no se te va enfriar la comida. ¿Quieres que te tenga al pequeño zabut, así comes tranquila?.- dijo Gloria.
             -. Bueno, ya casi está dormido, el pequeño.- respondió Sara.
Gloria, tomo al pequeño y se lo llevo a la sala de estar, ya que tenía un hogar y estaba encendido para calentar la casa.
Hizo unos pasos, y se sentó en un gran sillón que había ahí. Luego, dijo:
                   -. Domine, ecce adsum.-
En ese instante, él bebe abre sus ojos. Los cuales, no eran del color normal que tenía, ahora sus ojos eran rojos como el fuego del hogar.
                 -. Tempus erat voca me.- respondió.
Era el mismísimo belcebú, quien hablaba.
             -.omnia bene.- dijo gloria, que ahora es Astaroth.
            -.queritur, socer ait homo dei ubi es.- dijo Belcebú.
        -.magna civitas a nobis nunquam potest.- respondió Astaroth.
      -. Cura tibi vir dei.- dijo belcebú.
     -. Lucifer ut laoreet scito omnia.- dijo con una sonrisa Astaroth.
De pronto, se escuchan unos pasos. Era Sara, y le pregunta a Gloria:
       -. ¿Con quién hablabas?.-
       -. Con Zabut.- respondió Gloria.
      -. Aquí había alguien más.- dijo Sara.
      -. Quizas fue tu imaginación.- le dijo Gloria sonriendo.
Lo única que hizo Sara, fue suspirar y decir:
      -. Puede ser, ¿Zabut está dormido ya?.-
   -. Si, ¿quieres llevarlo a su corral?.- pregunto Gloria.
Al escuchar esto, Sara fue hacia Gloria y tomo a el pequeño y se lo llevo.
Una vez que dejo al bebe en su corral. La pequeña Sara se acostó en su cama.
Mirando, el techo, comenzó a recordar todo lo que había pasado hace unos largos meses atrás.
Cayeron algunas lágrimas de sus ojos, que recorrieron sus mejillas. Se las seco. Y siguió pensando.
Pensaba en su padre, en cómo estará. A pesar, de que la violo muchas veces, y la golpeo, ella lo amaba. Era su padre.
Estuvo un buen rato pensando, hasta que sus ojos se fueron cerrando lentamente.
De pronto, comenzó a escuchar el canto de unos pájaros, que jamás en su vida escucho.
Entonces fue ahí cuando abrió sus ojos, y vio nuevamente, que estaba en aquel castillo, donde había visto a su padre golpeado.
No podía entender como había llegado ahí, ella sabía quién estaba ahí. Sabia de quien era ese castillo. Era de Lucifer.
Levanto su cabeza, y vio que no había nadie en el cuarto, miro a su alrededor y se dio cuenta que no era el mismo cuarto en donde estuvo las primeras veces. Este era diferente.
Tenía una gran cama, una puerta que por lo que se podía ver era de hierro. También había un gran ventanal, por donde se podía ver todo el campo, era perfecto el paisaje.
Se quedó observándolo unos minutos, hasta que decidió salir de ese lugar.
Abrió la puerta, primero asomo la cabeza. No había nadie en el pasillo.
Entonces al ver que no había ni un alma comenzó a caminar por él.
No se escuchaba ni un ruido ni una voz.
Pero de pronto, se escuchaba como un murmullo que venía de la dirección hacia donde ella caminaba. Cada vez era más fuerte.
Hasta que se dio cuenta que había muchísimas voces, todas hablando al mismo tiempo, gritando.
Entonces, ella apuro su paso hasta salir a un gran patio que había en el lugar.
Pudo ver a muchísima gente, campesinos que trabajaban y que eran siervos de Lucifer.
Todos estaban mirando y gritando hacia un lugar, pero ella no podía ver, que era a lo que le estaban gritando.
Solo podía escuchar que la gente decía; mátenlo, mátenlo, merece la muerte.
Entonces, decidió meterse entre la gente para saber a quién le gritaban. Iba avanzando entre la gente.
Hasta que al fin llego a estar delante de toda la multitud.
Lo único que hacía, era mirar a los ciudadanos de este oscuro reino.
Sus caras estaban transformadas en odio. En furia.
De pronto, ve que suben a una persona, con su cabeza tapada con una capucha negra, al igual como cuando vio a su padre.
Lo pararon enfrente de la multitud, y toda la gente comenzaba a acercarse al encapuchado y comenzaron a escupirlo, a insultarlo. Deseaban su muerte.
De pronto, se acerca aquel hombre que invadió los sueños de la pequeña. Era Lucifer.
La gente, al verlo, comenzaron a aplaudirlo, enloquecidos. Era el rey del lugar.
Una vez enfrente de todos, Lucifer hizo un gesto con sus manos para que todos se calmen y dejen de gritar.
                -. Muy bien gente del infierno, quiero informarles que aquí está el invasor, el hombre que penetro este lugar, y que por suerte, gracias a los guardias de este reino, él está aquí para ser ejecutado.- dijo Lucifer.
La gente, al escuchar estas últimas palabras, comenzaron a gritar y a aplaudir.
                    -. Y esto lo hacemos, para que aquellos invasores, se den cuenta que con este reino nadie puede. Y yo, Lucifer, les aseguro que allá arriba lo verán.- Dijo con un tono de enojado.
El pueblo, más loco se volvió. Lo aplaudían, algunos arrojaban rosas. Como si fuese una especie de torero en el momento en que mata al toro.
Se mostraba victorioso, o mejor dicho, poderoso.
                 -. A descubriremos su cara, para que sus hijos vean, quien es, este invasor. Que vino a nuestro reino a meter su nariz, que se infiltro para husmear, nuestro plan para gobernar la nueva tierra.- dijo nuevamente Lucifer.
La gente, se mostraba feliz al escuchar lo que decía.
Luego, Lucifer se acercó al encapuchado, y puso su mano sobre la capucha.
                -. Muy bien, vean todos y no olviden su rostro, este es el invasor.- dijo a los gritos Lucifer.
Pero, cuando le saco la capucha a esa persona, que estaba ahí parada delante de todo el reino, Sara se despertó.
Al lado de ella, estaba Gloria que le pregunto:
                  -. ¿Qué sucede Sara?.-
                 -. Nada, solo una pesadilla.- respondió la pequeña.
                 -. ¿Qué era lo que soñabas?.- pregunto Gloria.
               -. Nada, solo cosas.- respondió la pequeña.
              -. No eran solo cosas, estabas a los gritos.- dijo Gloria.
            -. Cosas que me pasaban cuando estaba viviendo con mi padre.- dijo Sara.
Gloria, la miro. Pero, no le dijo nada.
Se levantó de la cama, y camino hacia la puerta de la habitación, y antes de salir le dijo Sara:
         -. El desayuno está preparado.-
Luego salió.
Mientras que la pequeña Sara, se quedó pensando en todo lo que vio y escucho en el reino del Infierno.

jueves, 16 de mayo de 2013

SUBESSE IN TENEBRIS


    SUBESSE IN TENEBRIS
(EL RESURGIR DE LAS TINIEBLAS).
PARTE 2.
                       Capítulo 5.
           -.¿estas listo?.- dijo el cardenal desde el otro lado de la puerta.
            -.si, cinco minutos por favor.- respondió el cura.
Se vendo la pierna se puso el pantalón. La camisa y su saco. Luego los zapatos.
Una vez que termino de vestirse, se paro y trato de mantearse de pie, le costaba mucho, pero por suerte, no sentía dolor alguno. Tan solo, un ardor.
               -. Aquí estoy.- dijo el cura abriendo la puerta y mostrando una gran sonrisa.
              -. Perfecto es hora de que nos vayamos.- dijo el cardenal.
Los dos salieron hacia la calle nuevamente. Afuera, los estaba esperando un taxi.
Primero, subió el cura y luego el cardenal.
                -.¿ hacia donde se dirigen?.- pregunto el taxista.
                -. Hacia este lugar.- dijo el cardenal, entregándole un papel con la dirección hacia donde tenían que ir.
             -. Perfecto, estamos a una hora de aquí.- respondió el taxista.
Luego, puso primera y arranco el auto.
Los dos iban callados, como siempre solía pasar en todo viaje que compartían.
El cardenal, mirando por la ventana. Pensativo.
Mientras que, el cura miraba al cardenal y miraba hacia adelante. Estaba nervioso, como tratando de decir algo.
De pronto, toma coraje y habla.
                  -. Señor.- dijo el cura.
El taxista, miro por el espejito del auto. Pero, se dio cuenta que no era el a quien se dirigía el cura.
El cardenal, al escuchar esto, posa su mirada sobre el cura.
                -. Debo contarle algo, estoy un poco intranquilo por algo que me sucedió.- dijo el cura.
             -. ¿Que es lo que te sucedió?.- pregunto el cardenal, un poco preocupado.
            -. Hoy tuve un sueño. Un poco raro.- dijo el cura con miedo.
           -. Pero, ¿Qué es lo que soñaste?.- pregunto el cardenal.
         -. Tuve un sueño, con una mujer.- dijo el cura.
        -. ¿Cómo era esa mujer?.- pregunto el cardenal, con cara de preocupación.
       -. No la recuerdo. Lo único que sé, es que, en ese sueño me corrieron unos guardias de un castillo y me atravesaron la pierna derecha con una flecha y aunque usted no lo crea, cuando desperté. Tenía la herida de la flecha en mi pierna.- explico el cura.
El cardenal, lo miro. Pero, no dijo nada. Se quedó pensando en lo que le dijo. Y se dio cuenta que lucifer, está empezando a trabajar en la mente del joven cura.
Hubo un silencio, de unos cinco minutos. Hasta que el cura, le pregunto al cardenal:
                -.¿qué debo hacer?.-
El cardenal lo miro y le respondió:
         -. Tan solo, se fuerte. No tengas miedo. Es lucifer que quiere controlarte, para que su plan siga adelante.-
El cura, se quedó pensando que iba hacer la próxima vez, ya que aquella mujer lo atrajo mucho.
De pronto, el taxista les dice:
            -. Señores ya llegamos a destino.-
El cura baja y se queda esperando al cardenal mientras paga al taxista.
 Los hombres de dios, ya estaban en la puerta del neuropsiquiátrico.
El hombre de seguridad del lugar, les abre la puerta. Ya los estaban esperando.
Los dos, pasan y comienzan a caminar por ese lugar tenebroso.
Iban callados. Solo se podían escuchar sus pasos.
Hicieron unos dos cientos metros hasta que llegaron a otra puerta que los iba a dirigir hacia el pabellón que tenían que ir.
Un guardia de seguridad los acompaño una vez que llegaron a la segunda puerta, hicieron unos cincuenta metros y un doctor los recibió.
              -.buenas tardes cardenal. Buenas tardes padre.- dijo el doctor.
Los dos asintieron con la cabeza y le estrecharon la mano.
         -. ¿Por dónde es el lugar doctor?.- pregunto el cura.
       -. Síganme que yo los llevare con el interno.- respondió el doctor.
Caminaron unos cuantos pasos más, hasta que llegaron a una puerta. Era de hierro. Tan solo tenía una pequeña ventana, con una mirilla que era corrediza, la cual también era de una especie de hierro. Servía para cuando llegaban los doctores y veían a su paciente, para ver cómo estaba. Y quizas a veces para controlarlos que no se lastimen o hagan algo que solamente los locos hacen y que nadie se lo espera.
              -. Muy bien. Aquí es. Un guardia se quedara afuera. Solo por prevención.- dijo el doctor.
            -. No hay problema, doctor.- respondió el cardenal.
Luego, el guardia, saco un gran manojo de llaves, busco la que abría la puerta, y una vez que la encontró nos hizo pasar al cuarto.
Antes de que cierre la puerta el hombre de seguridad, el doctor, les dijo:
             -. Estarán bien. No tengan miedo es tranquilo. Desde el día que lo trajeron, no hablo.-
El cardenal, lo miro al doctor sorprendido. Luego, el doctor cerró la puerta.
Ya estaban los dos adentro del cuarto, el paciente estaba en la cama. Acostado, mirando hacia la pared.
Los dos hombres de dios no sabían que hacer, se iban acercando muy lentamente, hasta que de pronto, el silencio se rompió.
             -. ¿Qué es lo que vienen a buscar?.- dijo el paciente.
           -. Tu sabes a que venimos, ¿no es así?.- dijo el cura.
         -. Si, se a que vienen a este lugar.- respondió el paciente.
       -. Queremos saber dónde está su hija.- dijo nuevamente el cura.
     -. Aquí no está, se fue, se la llevo.- respondió el paciente, sin sacarle la mirada a la pared.
  -. ¿Dónde está ella?.- pregunto el cardenal.
-. No lo sé. Todo paso muy rápido. Ella se acercó a mí y el cuchillo que llevaba en su mano, se puso rojo como el mismísimo infierno.- cuando dijo esto el paciente, comenzó a respirar más fuerte y rápido.
      -. Tranquilícese, estamos para ayudarlo. Y usted también puede ayudarnos a nosotros.- dijo el cura.
     -. ¡¡¡Jajajajajajajajaja!!!, ¿Cómo piensan que podría ayudarlos?.- dijo elevando su voz.
No paraba de reír, y los enviados, no sabían que hacer.
    -. Señor, ¿Qué le paso que termino aquí?.- pregunto el cardenal.
  -. Tienen que tener cuidado, mucho cuidado. Es fuerte. Principalmente usted debe tener cuidado.- dijo señalándolo al cardenal.
-. ¿Por qué?,¿Qué me pasara?.- pregunto el cardenal.
     -. ¡¡¡Ajajajajajajajaja!!!, todo va a terminar muy pronto, nadie se va a salvar…¡¡¡aaaaaaaahhhh!!!, ¡¡¡ME QUEMAAAA!!!,¡¡¡ME QUEMAAAAA!!.- comenzó a gritar el paciente.
    -. Tranquilícese. Señor, por favor.- dijo el cura, pero de nada servía.
Se escuchaban los gritos hasta afuera en el pasillo y los internos estaban empezando a alborotarse.
             -. ¡¡¡ME QUEMAAAAAAA!!!,¡¡¡AAAAAAAAAAAHHH!!!,¡¡¡AYUDENME, AYUDENME!!!.- gritaba sin parar.
           -. ¿Qué es lo que sucede?.- dijo el médico.
           -. Solo un poco nervioso.- dijo el cardenal.
Al escuchar esto, el doctor entro con el guardia.
   -. ¡¡¡ME QUEMAAAAA!!!, ¡¡¡ME QUEMAAAA!!!.- gritaba sin parar y esta vez tomándose el pecho.
Ya todo se había vuelto un caos, los internos gritaban y pedían por dios, que los ayudara, otros tan solo gritaban o reían.
Hasta que, de pronto, el paciente, deja de gritar. Comienza a moverse muy lentamente, hasta que queda boca arriba en la cama.
         -.¡¡¡jajajajajajaajjajajjjaa!!!.- comienza a reír.
Al ver esto, los cuatro comienzan a reír con él.
     -. Ssshhhhhh.- dice el paciente.
De pronto, comienza a correr una brisa fría por el cuarto.
     -. ¡¡¡Jajajajajajajajajaja!!!.- volvió a reir.
Pero, volvió a callar. Era un silencio de tumba el que se estaba viviendo en el cuarto.
Hasta que, de pronto, el paciente se levanta y queda sentado como un perro sobre la cama. Tenía los ojos cerrados.
Los cuatro, lo miraban atentamente. Estaban esperando a que haga algo.
Muy lentamente, el paciente abrió los ojos. Y miro a su alrededor.
               -. ¿Qué sucede cardenal?.- pregunto el doctor.
             -. No. Salgan de aquí rápido.- dijo el cardenal.
Pero, ya era tarde la puerta se cerró con violencia. Y los cuatro, se quedaron ahí encerrados.
 El paciente, tenía sus ojos rojos. Llenos de odio, llenos de muerte.
En el cuarto, se podía sentir el aroma a azufre.
El cura y el cardenal, podían saber que estaba sucediendo ahí adentro, pero el doctor y el guardia, no.
Pero, algo sucedió, muy rápido. El paciente, salto sobre el cardenal, tirándolo al suelo.
 Al ver esto, el guardia de seguridad, saco su bastón para golpearlo, pero el paciente, con su mano izquierda, lo tomo del brazo que llevaba el bastón quebrando su miembro. Y en un abrir y cerrar de ojos, arranco su garganta.
El doctor, estaba en un rincón. Como un niño asustado. Tan solo, observaba toda la situación.
Luego, de matar al guardia, el paciente, dirigió la mirada al cardenal, se fue acercando muy lentamente hacia su rostro, hasta que su boca quedo cerca de la oreja.
               -.exercitus Angelorum,quod initio dixi potuit consummare.- dijo el paciente.
Al escuchar estas palabras, el cardenal, se dio cuenta que el paciente estaba poseído por el mismísimo Lucifer.
             -. Malum, non regnum huius mundi. In itinere antequam moreretur.- le dijo el cardenal.
             -.¡¡¡jajajajajajajajajajaja!!!, quid illud, morte morietur in incepto.- respondió el paciente.
Luego, de decir esto. Se desmaya.
Con la ayuda del cura y del doctor, el cardenal se saca de encima al paciente.
          -.¿Qué es lo que sucedió aquí?.- pregunto el doctor.
         -. Aquí, no ha sucedido nada.- dijo el cura.
El cardenal, estaba shockeado por lo que paso.
       -. Vamos afuera.- dijo solamente.
Pero cuando estaban, por irse. El paciente, le toma el pie al cardenal y le dice:
       -. Austria, señor.- luego vuelve a desmayarse.
El cardenal, lo miro al cura. No entendían lo que estaba sucediendo. ¿Por qué Austria?, pensaron.

sábado, 14 de julio de 2012

SUBESSE IN TENEBRIS!


SUBESSE IN TENEBRIS
(EL RESURGIR DE LAS TINIEBLAS).
PARTE 2.
                       Capítulo 4.
El avión llego a Buenos Aires. Eran las siete de la mañana, hacia calor. Demasiado.
Era como estar en el mismísimo infierno.
Una vez que el cura y el cardenal  bajaron del avión se fueron directamente hacia la iglesia en donde ellos viven, para dejar sus cosas. Luego, saldrán a buscar a la niña y al demonio que la acompaña.
Aunque ellos no saben que el demonio y la pequeña, están en Austria.
Llegaron rápidamente a la iglesia, cada uno se fue a su cuarto para prepararse.
El cardenal, lo primero que hizo fue agarrar las cosas para un exorcismo. Las dejo sobre su mesa de luz y se fue hacia el baño. Una ducha le vendrá muy bien.
Por otra parte, el cura cuando entro a su cuarto se quedo pensando en lo que sucedió arriba del avión. No podía sacar de su cabeza aquellas imágenes diabólicas.
Mientras se sacaba toda su ropa para comenzar a bañarse, pensaba y pensaba. Su mente ya no estaba bien, quedo shockeado por lo que había sucedido.
Lleno la bañara con agua caliente y se metió.
Cerró sus ojos, y descanso un poco. Necesitaba relajarse.
Pero el, no se dio cuenta y lentamente comenzó a dormirse y en su cabeza comenzaron a escucharse voces.
                   -.vigilantibus.-
El cura, abrió los ojos.
Estaba tirado en el pasto, en un inmenso campo.
No entendía como había aparecido ahí.
Trataba de buscar aquella voz, que le dijo que despertara, pero no la encontraba a su alrededor.
Se levanto, y se quedo parado mirando unos minutos todo el lugar. Pensaba o mejor dicho trataba de pensar donde estaba, pero no entendía. En su cabeza, llovían preguntas sin respuestas.
De pronto, visualiza un gran castillo a lo lejos. Y cuando quiso tratar de razonar en donde estaba. Sus piernas estaban en movimiento, rumbo a ese gran lugar.
Iba caminando por un sendero, muy angosto. A sus costados había arboles, tan altos que podían llegar hasta el cielo.
Y mientras mas avanzaba, por delante de él, se cruzaban algunos conejos.
Todavía faltaba mucho para llegar. Pero el seguía caminado sin parar. Hasta que de pronto, ve una árbol de manzanas. Tan rojas que parecían diamantes colgando.
Fue hasta el, y tomo una. Y mientras seguía su viaje iba disfrutando de aquella fruta.
Hizo unos cuantos metros, hasta que se cruzo con una bella mujer.
Era la más hermosa del universo. El cura no podía creer lo que sus ojos veían.
Ella al verlo a él, se quedo parada. Mirándolo directamente a sus ojos.
El corazón del hombre de dios, comenzó a latir con fuerza. Jamás había sentido algo igual.
No sabia que hacer, si saludarla o que.
Cada vez se iba acercando más a ella. Y su corazón latía con más y más fuerza. Y una vez que la tuvo enfrente de él, dijo:
                   -.¡hola!.-
Ella lo miro, no entendía.
                -. ¿No entiendes lo que digo?.- pregunto el cura.
Pero, ella no respondía. Lo único que hizo fue sonreír. Luego lo tomo de la mano y mirándolo a los ojos le dijo:
              -. No digas nada y sígueme.-
La voz de esa mujer, entro en sus oídos. Era la voz de una sirena. Tan hermosa que su mente quedo paralizada. Lo único que le quedo por hacer, fue seguir caminando junto a ella.
Caminaron por todo el sendero sin hablar. Tan solo, cruzaban algunas miradas y sonrisas.
Hasta que después de una larga caminata, llegaron al castillo.
Aquel lugar parecía salido de un cuento de hadas, el castillo era imponente.
Los dos siguieron caminando. Atravesaron un parque gigante, tenía algunas fuentes y flores de todos los colores que una persona se puede imaginar.
La mano del cura no soltaba a la muchacha. Hasta que, de pronto, él le pregunta:
               -.¿hacia donde me llevas?.-
Ella le sonrió y le respondió:
             -. Conocerás  a mi padre, el rey de todo este lugar.-
El cura se quedo pensando. Pero, su mente se distraía con la belleza del lugar.
Luego de caminar, por ese parque enorme. Llegaron a una puerta, la cual era la entrada del castillo.
                -. Tu espérame aquí.-
El, se quedo parado. Mirando para todos lados.
Un poco asustado.
De repente, ve como una especie de guardias que se acercaban hacia él.
Al ver esto, se quedo quieto. Trataba de no mirar, pero inevitable.
Hasta que, uno de los guardias le grita:
               -.!!!heyy, alto ahí!!!.-
El cura se quedo parado y mirando para todos lados.
Pero, cuando quiso darse cuenta los dos guardias estaban ahí.
               -.¿tu que haces aquí?.- pregunto uno de los guardias.
El, no sabia que responder.
          -.creo que le cortaron la lengua.- dijo el otro guardia entre risas.
Pero, el cura fue más rápido que ellos y salió corriendo.
Los guardias, al ver esto. Comenzaron a seguirlo, desvainaron sus espadas y corrían detrás de él.
No paraba de rezar y rezar, pero la ayuda no venia. Hasta que, se adentro en un bosque que estaba cerca.
Corrió y corrió sin parar. Entonces de detuvo, para recuperar el aire.
Pero algo paso cerca de su cabeza, clavándose en un árbol. Era una flecha.
No sabia que hacer, estaba muy cansado. Pero, decidió correr con todas sus fuerzas.
Mientras corría, podía sentir el sonido de las flechas pasando muy cerca de su cabeza.
El, solo rezaba que no se cayera. Si eso sucedía, lo iban a matar esos guardias y todos los que están atrás, ya que ahora hay arqueros.
Pero, la suerte ni dios ni nadie estaba de su lado, ya que una flecha lo lastimo. Dio un grito de dolor y cayo al pasto.
No paraba de gritar, el dolor se había apoderado de él.
Miro su pierna izquierda y vio la flecha clavado en su pierna. De lado a lado estaba.
De pronto, ve que se acercan los guardias que lo corrieron y otros más.
 Trato de arrastrarse pero no podía.
Hasta que, se dio cuenta que ya estaban ahí. Había arqueros apuntándolo y ahí estaban también los dos guardias.
                      -. Déjenmelo a mi.- dijo uno de los guardias.
Con su espada en mano, se acercó al cura.
                    -. No, por favor. No me mate, yo no hice nada.- decía el hombre de dios.
                   -. ¡¡¡Todos dicen los mismo. Pero debes morir!!!.- grito el guardia.
Pero antes de que su espada, corte su cabeza el cura, se despertó en su cama.
                      -.¿que paso?.-se pregunto.
No podía entender como había llegado a su cama.
Miro la hora y vio que faltaban cinco minutos para ir en busca del padre de la niña.
Se levanto de la cama, pero al hacerlo sintió un fuerte dolor en la pierna izquierda y dio un grito.
Se saco la sotana y el pantalón de vestir negro que llevaba y se vio que tenía un agujero y lo peor de todo, es que estaba perdiendo sangre.
Se fue arrastrando hasta el baño, tomo el botiquín de primeros auxilios y comenzó a curarse la herida.
Mientras se curaba, pensó. ¿Qué rayos fue eso que soño?.

martes, 26 de junio de 2012

SUBESSE IN TENEBRIS!


        SUBESSE IN TENEBRIS
(EL RESURGIR DE LAS TINIEBLAS).
PARTE 2.
                         Capítulo 3.
El papa, sintió ese olor que solamente, podría venir de un solo lugar, el infierno.
Pero, no le importo. Y una vez que abrió la vitrina, que contenía a la lanza. Estiro sus manos y la tomo.
En ese momento la miro, era de bronce. Y todavía tenia filo.
De pronto, volvieron las voces a él. No sabia que decían, ni tampoco de quien era.
Lo único que escuchaba, eran como una especie de susurros al odio.
Muchas personas, quisieron tener esta lanza en las manos y no pudieron. Y en este momento, el la tenia.
La miraba, no podía sacarle la mirada de encima a esa lanza.
De repente, se da cuenta, que el olor a azufre es cada vez más fuerte.
Mira para atrás, y no ve nada. Alguien estaba ahí, en ese mismo lugar, pero no se podía ver.
Entonces tomo la decisión de irse de ahí. Dejo la lanza, y salió del lugar a toda velocidad.
Nuevamente caminaba por ese pasillo oscuro, hasta que, alguien apareció.
No se podía distinguir bien, tan solo se veía como una sombra.
Trato de mirar, pero era imposible. Tenia forma de persona, pero no se podía distinguir el rostro, ni las manos. Era todo negro.
Entonces el papa, saco su cruz y comenzó a rezar. Pero esa sombra, no se iba de ahí.
De pronto, pudo ver como avanzaba hacia él.
El papa, no sabia que hacer, y aunque rezara, no le iba hacer ningún daño, a ese demonio.  Si es que era uno.
Rezaba y rezaba, hasta que esa sombra en un abrir y cerrar de ojos, la tuvo frente a el.
No respiraba. No emitía ningún sonido.
Hasta que de pronto, aquella sombra se desvaneció, dejando un silencio que invadió todo el pasillo.
El papa, hizo la señal de la cruz y se fue de ahí.
Camino muy rápido. Tenía miedo. No sabia que hacer. Transpiraba.
Cerró todo como estaba y se fue hacia su cuarto. Pensó. Pero no podía. Todavía tenía esa imagen de aquella sombra que se apareció.
De pronto, va hacia una mesa. Sobre ella, había un teléfono. Lo tomo y marco el número de quien quería llamar.
Un teléfono en un avión privado suena. Era del padre argentino que estaba volviendo a su país, para hacer lo que el papa le pidió.
                   -. Cardinale, buon pomeriggio, io sono Giovanni Paolo V. Devo dire qualcosa di importante.-
                   -. Si, mi dica. Cosa é successo?.- dijo el cardenal.
                  -. Sono andato nella camera dove le cose sono sacre. Cose che solo visto i cavalieri Templari.- respondió el Papa.
                   -. Signore, tu sai che solo  i discendenti dei cavalieri puó entrare. Che era li?.- pregunto el Cardenal muy preocupado.
                 -. Non lo so. Ma qualcosa é successo quando sono andato.- respondio el papa con voz muy nerviosa.
                -. Cosa é successo?.- pregunto con una voz mucho mas preocupada el Cardenal.
                -. Apparve un´ombra mi si avvicinó. Trascorso pochi secondi. Ma poi scomparve.- dijo Juan Pablo V.
                -. Ti sentí bene?. Non suona molto di buono da dire.- le dijo el Cardenal.
Una vez que el Cardenal, dijo esto ultimo. Solamente se escuchaba la respiración del papa.
               -. Voglio al piú presto, trovare il demonee ucciderlo. Tempo non molto sinistra. Fermare tutto questo, il vaticano non é piú un luogo sicuroe Dio  non ha alcun potere  su di noi, che ci protegge.- dijo el Juan Pablo V.
                -. Bene signore, ci sono poche ore di Argentina. ma noi dormire e la prima cosa alla ricerca  del diavolo.- respondio el Cardenal y espero a que el Papa dijera algo.
                 -. Non puó riposare, il diavolo non riposa mai.- dijo el Papa con un tono de orden.
                -. Se, appena arriviamo, inizieremo la nostra ricerca e che hanno notizie.- respondió el Cardenal.
Una vez que termino de hablar con Juan Pablo V. corto el teléfono que tenia el avión privado.
Se quedo pensando tan solo unos segundos, el padre que venia sentado al lado de él, lo miraba. Tratando de saber algo.
De pronto, el cardenal mira al cura y le dice:
               -. El papa fue a la sala donde están las cosas sagradas.-
               -. ¿Qué?, el, sabia que no puede entrar. Solo los descendientes de los caballeros templarios pueden entrar a ese lugar.- dijo el Cura.
              -. Si, él lo sabe. Pero tiene la llave del lugar.- dijo esto y el cura lo interrumpió.
             -. Si, pero las leyes del vaticano, dicen que solo ellos puedan entrar a ver esas cosas. Solo ellos.- dijo el cura con voz de enojado.
             -. Él, lo sabia a eso, pero algo le sucedió cuando salió del cuarto.- dijo el Cardenal.
            -.¿que sucedió?.- pregunto el Cura.
            -. Una sombra apareció y estuvo frente a él. Y dice que el vaticano ya no es un lugar seguro, dios ya no nos protege.- dijo el Cardenal, mirándolo directamente a los ojos.
Los dos se quedaron pensativos. No dijeron ni una sola palabra los dos.
Estuvieron así unos segundos, hasta que el Cardenal siguió leyendo y el cura se recostó en el asiento y cerro los ojos.
Pasaron unos cuarenta minutos cuando el cura, abrió los ojos y vio al cardenal que estaba durmiendo, todo el avión estaba callado.
De pronto, le dieron ganas de ir al baño. Entonces se para y camina hacia él.
Hace unos cuantos pasos, pero nota algo extraño afuera. Se acerca a la ventanilla y ve una especie de neblina. Ni siquiera se podían ver, las alas del avión.
Pero sus ganas de ir al baño, hicieron que deje ver hacia afuera.
Camino rápido por el pasillo hasta llegar a la puerta del baño. Entro y comenzó a orinar.
Luego, tiro la cadena y se lavo las manos. Se miro en el espejo unos minutos y salió.
Pero, cuando abrió la puerta se encontró con todo el avión con las luces apagadas. ¿Qué es lo que sucede?, se pregunto.
Hizo unos pasos, nada más. Porque el avión comenzó a sacudirse.
Al ver que comenzó a suceder esto, fue rápido hacia donde estaba el cardenal. Pero, de pronto, por las ventanas se veía una luz roja. Aunque vio eso, tan solo siguió su camino, hasta llegar a ver al cardenal.
                 -. ¡¡¡Nooooooooooooooo!!!.- grito el cura.
El cuerpo del cardenal, estaba todo mordido, como si hubiese sido atacado por leones.
El cura se desespero, no sabia que hacer.
Pero, de pronto, algo sucedió. Su cuerpo se elevo, como si estaría volando.
Su cuerpo en el aire, giro hasta que dar mirando hacia la cabina del avión.
No sabía que era lo que estaba sucediendo.
Pero desde la cabina del avión salió aquel hombre de blanco, que seguía a Sara en sus sueños.
El cura, se quedo con la boca abierta al ver a ese hombre, ya que sabía quien era.
              -. Tua stupri. Sunt cecidit ángelus. Si occideritis me curo. ego ad caelum.- dijo el cura.
            -. An tu in coelo. Ego percutere te in inferno.- respondió Lucifer.
Pero, de repente, una luz blanca gobernó el avión. Y lucifer tapando su cara fue retrocediendo.
            -. Non quidem regere animas.- dijo Lucifer, mostrando sus ojos rojos de ira.
Luego, el cura abrió los ojos y se encontraba tirado en el piso. El cardenal, tenia una cruz en la mano derecha y en la izquierda agua bendita.
           -.¿estas bien?.- le pregunto el cardenal.
El cura, tan solo movió la cabeza dando a entender que si.